Kutkhiny Baty – Los botes de los dioses.

—Bueno —dijo la guía— ya estamos por llegar al destino final de nuestro recorrido en donde veremos la formación rocosa de Kutkhiny Baty.

—¿Tupinky queeee? —dijo Clarisa. Una niña de seis años que entre el ruido del helicóptero y los audífonos gigantes con estrellitas especiales para ella, no entendía nada.

Todos rieron.

—Kutkhiny Baty, Clarisa… o Tupinky que, si así lo prefieres —dijo la guía con una sonrisa condescendiente. Clarisa no lo apreció.

Tres personas más completaban el pasaje de un tour muy exclusivo. Además de Sachenka, la guía, un hombre fornido para cargar bolsos y maletínes de primeros auxilios, cuyo nombre no había sido necesario. Clarisa estaba acompañada de su hermana Valeria que la triplicaba en edad. Por último el culpable del viaje, Julián, el padre de las niñas que desde el divorcio había ido a vivir a Rusia por temas de trabajo.

Después de mucho rogar Julián había conseguido convencer a las niñas de conocer Rusia, además de pasar todo el verano con ellas. Dos meses serían suficientes para volver a ser padre, pensaba él. Se encontraban en la última semana y un destino muy especial para él, la península de Kamchatka, una región volcánica en Siberia el este de rusia, especialmente para ir a conocer Kutkhiny Baty. Le habían comentado que era un viaje difícil para las dos niñas, al menos que alquilase un helicóptero y como para Julían el dinero nunca era problema, estaban a punto de sobrevalora la formación rocosa.

—Kutkhiny Baty es un valle formado desde los restos de erupciones volcánicas como pocas se han registrado en la historia de la tierra. La primera de ellas sucedió hace 41,500 años.

—¿Cuánto? preguntó Valeria, que por primera vez mostraba interés.

—41.500 años.

—¡Oye! yo apenas tengo 6

Todos rieron y clarissa volvió al ceño fruncido.

—La segunda erupción, aproximadamente unos 8.000 años atrás, hizo que la ceniza cubriese casi mil kilómetros a la redonda, dejando también a su rastro cantidades enormes de flujos piroclásticos, una  combinación que fue suficiente para que se creara lo que es conocido como piedra pómez, o pómez. Una piedra blanca de aspecto poroso que llama la atención. Todo este material fue cubierto por tierra y años, nuevos arboles y vegetación creció al rededor y el tiempo fue suficiente para que pequeños ríos y el viento hiciera su trabajo de erosión, creando lo que hoy conocemos como Kutkhiny Bathy.

Todos asintieron con su cabeza y comenzaron a ver por las ventanas, se suponían que estaban cerca. Algunos pensaban en los volcanes haciendo erupción, en el agua erosionado la tierra y el viento cavando la piedra. Julián veía la emoción en las niñas y con esperanza pensaba que lo estaba logrando.

—La leyenda local —continuaba Sachenka— dice que el Dios Kutkh, creador de la región de Katchamka, utilizaba sus canoas para navegar en el lago Kuriles y una vez los sacó y los puso de pie en este valle. Desde ese entonces no ha vuelto y sus barcos han quedado para el olvido. Oh bueno para serles honesta, han quedado para nuestra admiración y ahora preparan porque hemos llegado:

kutkhiny baty

El piloto del helicóptero perfectamente entrenado para lograr los mejores ángulos, dio muchas vueltas al rededor de aquel espectáculo. En uno de los giros las niñas tuvieron que ponerse de pie y acercarse a la ventana donde su padre estaba. Sin pensarlo y olvidando cualquier rabia o incomodidad, se sentaron en sus piernas y a su lado para admirar el espectáculo. Todos, como suele pasar con la naturaleza, reían. Los que lo veían por primera vez buscaban las canoas entre las piedras.

—Papi, eso no se parece a una canoa.

—Claro hija, pero son canoas paradas, como puestas sobre una pared… ¿Lo ves?

Clarisa torció la boca y el cuello… Hasta que dió con la forma.

—¡Siiii!… papi ya lo vi… ¿queeee?. Es igualito.

Valeria sonrió y se acercó a su padre para dejarse abrazar.

—¿Increíble no? —dijo Sachenka.

Todos asintieron.

—Bueno y ahora, vamos todos a prepararnos para aterrizar y ver esto de cerca, ya que vinieron, no pueden irse sin tocar las canoas.

El helicóptero bajó y todos emprendieron camino para entrar en el imponente valle. Clarisa salió corriendo y detrás de ella Valeria, asumiendo su rol de hermana mayor y niñera. Su padre con ojos de orgullos tomó una bocanada de naturaleza pura y agradeció el momento. Uno de aquellos que te hacen olvidar todo, porque solo el presente es lo que cabe.

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