Los zapatos de mi papa

L

—Dany ven, siéntate aquí conmigo— dijo mamá.

Normalmente eso significa algo serio y, considerando que mi papá tenía solo un par de días de haber fallecido, esta vez sería algo importante. Así que fui.

—Hemos decidido que mañana domingo, vamos a recoger el closet de tu papá, para sacar todo y me gustaría que me ayudaran.

—Si claro mamá— respondí con sorprendente ligereza, causada creo yo, por mi afortunada falta de experiencia en estas situaciones.

Como todo en mi casa, mi mama dijo y todo el mundo obedeció. Tuvimos un domingo en familia de muchas risas, descubrimientos, destellos de William en cada uno de nosotros y para los varones, mi hermano, mi cuñado y yo, un buen día en el mercado. Cosas que ni me quedaban me quise llevar, asumo que no se me puede culpar de acaparador nostálgico.

Entre las cosas que si me quedaron hubo algunos pares de zapatos, bueno, decir que me quedaron los zapatos de mi papá es mucha osadía, pero recordé que probablemente hubiese dicho algo como “Negro, yo tengo unos zapatos ahí, muy malos probablemente para ti pero creo que puedes usarlos”.

Yo tenía meses buscando unos zapatos de goma new balance, mi papa me había dicho que eran los mejores. Creo que todos sabemos porque no los había conseguido aquí en Venezuela. Los primeros zapatos que salieron del closet fueron exactamente unos deportivos new balance. Me les fui de pecho. Así era él, o así era el destino, quien sabe, pero cada vez que “necesitaba” algo, papá tenía una solución perfecta, humilde y sin pretensión.

Al día siguiente me tomé en serio lo de pararme antes de que salga el sol, siempre había sido una meta incumplida, en un intento innecesario de ganar el orgullo del madrugador mayor. Pero esas horas se inundan todavía con su presencia y su café así que la motivación bastó. Me paré y me puse mis zapatos deportivos new balance y la conexión fue inmediata.

Pocas veces había estado tan consciente de mi papá como en ese momento, pocas veces había estado tan en sintonía con su legado y pocas veces me había sentido tan protegido. Asumo que así son los grandes, aparecen cuando menos lo imaginas, no cuando quieres de ellos sino cuando de verdad los necesitas. Me entregué al momento.

Inmediatamente me cambié las medias largas que llevaba, los zapatos deportivos van con medias a los tobillos como el doctor William las usaba, que por cierto para mi, fue él quien las inventó y siempre pedía que me compraran de esas, pero mamá siempre compra al revés y mi infancia estuvo llenas de medias hasta las rodillas, no me quejo.

Mi papá religiosamente hacia su rutina de ejercicios matutina con sportcenter en el televisor de fondo, asumo ahora que buscaba los resultados de los partidos de Beisbol que mamá lograba negociarle para no ver. Cuando chamo estaba al lado y admiraba su esfuerzo físico, hoy entiendo que dentro de su comodidad hacia lo que le parecía necesario para limpiar la consciencia antes de un buen desayuno. Pero con el esfuerzo que sea, usar los zapatos deportivos de mi papá significa respetar una rutina de ejercicios inquebrantable, con la certeza de que funciona. En eso estamos.

Los próximos días tocó ocuparse de cuestiones que nadie quiere y de entre las chivas saltaron unos zapatos un poco más formales. Pensé siempre que la magia se habría acabado pero nuevamente al deslizar el pie dentro del cómodo cuero, la conexión volvió. Me quedaron un poco anchos y después de meditarlo mucho, he llegado a la conclusión que nada tiene que ver con nuestras diferencias físicas ¿No?… “Correcto” hubiese respondido él.

Vestir unos zapatos “sport”, es decir que no son mocasines, significa que uno debe relajarse pero nunca perder la compostura. La camisa va por dentro, chemise o no, el cabello bien peinado y nunca, pero nunca, debe llegarse tarde a donde uno vaya. Para facilitarle el proceso es mejor que uno se preocupe por una cosa a la vez y cuando esté allí piense solo en lo más justo y lo que es mejor para el bien común. Les digo, es como un super poder que entra por los pies, sentía que cada palabra que me permitía decir, durante esos días, no era mía. Fue mucho más fácil así, siempre lo fue, decir lo que mi papa pensaba te da altas probabilidades de éxito.

Pasaron los días entre los new balance y los “sport”marrones que él llamó siempre unos sebagos, aunque no lo fueran desde el 72, hasta que me tocó vestirme completo, en flux. Allí la historia es distinta, en flux mi papa andaba cómodo, haciendo lo que siempre supo hacer, que no era otra cosa más allá de lo que le tocaba. En flux conquistó un mundo que lo quiso tanto, que recibió tanto de él y que como nosotros nunca lo olvidará. En flux se anda sin problemas, se escucha, se ríe, se comparte y por supuesto se toman unos whiskys. Es difícil creerlo pero para mi papá las situaciones que requerían de flux y corbata siempre fueron sus mejores. Aproveché entonces y disfruté aquella noche.

Me quedan solo unos zapatos en el closet, que son los 54 pares de crocs que le compramos, creo que entendíamos que regalar comodidad reconforta la vejez. Están todos casi sin usar, pero si les soy honesto son unos zapatos que no creo nunca poder vestir. Las crocs fueron los zapatos del cáncer, acompañado de una bermuda y una chemise de colores llamativos. Siempre me extrañó que la usara por fuera, asumía que ante un juego de cartas tan malo, lo demás es accesorio.

Uno no espera, dentro de la inexperiencia, que una persona de comodidades evidentes pueda afrontar una enfermedad como esa y aunque, es una simplificación extrema decir que se parece a usar flux y corbata, siento que para mi papá fue así. Después de acumular la valentía suficiente que requiere abrirle los ojos, se puso su traje y lo vistió cómodamente y con la humildad que todos le conocen. Haber tenido un proceso llevadero y sin mayor drama, estoy seguro que fue un premio a su actitud. Pero bueno, una vez más, así son los grandes, sacan lo mejor en los peores momentos y si me permiten el espacio tan personal, mi papa era uno de los más grandes.

Por eso nunca podré vestir las crocs de mi papa, no he tenido la oportunidad de demostrar tal valentía y aunque no espero necesitarla, guardo en un bolsillo de la vida el ejemplo del doctor William.

Por ahora, uso todos los demás zapatos para robarle un trozo de su vida para la mía propia. No soy tonto, se que los zapatos se desgastan y aunque detesto esa realidad, la gente más curtida dice que es normal, que pronto vendrán más zapatos y que los que usaré en el futuro luego serán míos. Respetaré sus comentarios y dejaré que la vida me lleve ¿No?… “Correcto”.


Also published on Medium.

Por dalvareze

Your sidebar area is currently empty. Hurry up and add some widgets.